Los animales no tienen voz. Por eso algunos son maltratados, abandonados o desprotegidos. KienyKe se dio a la tarea de buscar historias que cuentan de héroes y heroínas que los rescatan, que denuncian, que usan su voz para protegerlos.
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Esta es la historia de un exhabitante de la Calle del Cartucho que cambió las adicciones por el amor de los perros.
Él es Jesús Osorio, oriundo de Guaduas, Caldas. Tiene 61 años y vive con seis perros. Cuatro de ellos los encontró en la calle y dos son de raza, pero sufrían a manos de otros dueños.
Llegó hace 34 años a Bogotá y sin esperarlo entró directamente a la antigua Calle del Cartucho. No hubiese querido quedarse mucho tiempo, pero la adicción lo retuvo.
En ese lugar “aprendí a meter marihuana, meter bazuco, a tomar trago, a perrear con las locas del Cartucho. Aprendí muchas diabluras”, recordó Jesús. Fueron 16 años en los que esa calle se convirtió en su hogar.
“Yo salí de allá, porque cuando uno quiere puede”, explicó Osorio. Él asegura que su familia no sabe dónde está. “Por allá me necesitaban cuando era joven y podía producir. Si yo llego allá es a estorbar”, aseguró entre risas.
Hace siete años cuando salió de la Calle del Cartucho encontró una nueva familia, para algunos poco convencional. Sin más reparo, seis perros cambiaron el curso de su vida.
Para Jesús sus perros son como sus hijos. A diario recorren las calles del centro de Bogotá y así recaudan 10 mil pesos del arriendo diario y algo para comer.
Poco a poco Jesús reunió dinero para conseguir su medio de transporte. Es una bicicleta combinada con un motor de una moto y es el lugar ideal para la esta familia.
Jesús prefiere a los animales sobre cualquier cosa en el mundo. “Ellos son niños y hay que tener en cuenta que son mudos. A estos animales todo lo que se les dice con inteligencia y educación, lo van a entender”.
Osorio acepta que el maltrato animal es la peor opción para educar a las mascotas. “En vez de hacerle caso a uno, lo que pasa es que le coge miedo. Ellos son perritos, pero entienden todo, uno es el que no le entiende a ellos”.
Salir en Bogotá para Jesús no es nada sencillo. El frío complica su estado de salud. Aunque procura no usar oxígeno, en épocas de invierno no tiene otra opción.
En la foto está Gomelo, Consuelo y atrás, Comino. Cada uno tiene ese toque mágico que hace que Jesús esté motivado a levantarse todos los días.
Pero sin duda alguna, Gomelo es el más travieso. Le encanta trabajar para buscar monedas. Cualquiera que se le acerque será víctima de un ataque amoroso.
En la foto está Comino y Violeta. El primero es pequeño pero con una rudeza imparable, por el contrario la hembra es la calma del grupo. Ama estar recostada.
Shakira es una perra pequeña. Le gusta jugar con los niños y cuando Jesús no la observa, suele bajarse de la carriola.
En la foto está Shakira, Comino y Patricia. Atrás está Violeta. Patricia es muy misteriosa, no le tiene miedo a nada y le encanta compartir con sus hermanos perrunos.
Jesús solo quiere una cosa: que sus perros siempre estén bien. Trata de cuidarse lo suficiente para que jamás se tengan que quedar solos.
Estos son los rostros de animales que han sobrevivido al maltrato. Hoy, después de enfrentarse a la maldad humana, son historias de superación que le moverán el corazón.
Boblee tiene cuatro años. Llegó a la Unidad de Cuidado Animal por urgencias veterinarias. Se le amputó el miembro porque fue atropellado. Esto le causó graves daños físicos y psicológicos, pero socializa bien con humanos y caninos.
La Unidad de Cuidado Animal busca familias responsables para los perritos y gaticos. Trabajan para evitar el abandono y el maltrato animal.
Es una mestiza de cinco años. Su nombre es Ginebra. Ingresó a la unidad con cinco cachorros porque estaban en estado vulnerable. Aunque al comienzo era nerviosa para socializar, actualmente se relaciona muy bien.
Tigre es un mestizo de ocho años que ingresó por urgencias veterinarias. Es uno de los 110 perros que están en la Unidad de Cuidado Animal esperando por una familia adoptiva.
Harry tiene dos años. Fue encontrado en vía pública con lesiones en los miembros anteriores. Se tarda un poco en socializar, pero cuando entra en confianza es muy cariñoso.
Cleo tiene dos años. Ingresó a la Unidad por urgencias veterinarias. Su recuperación fue exitosa. Hace poco encontró una familia que lo recibió en su hogar.
Su nombre es Gato. Es un mestizo de cinco años. Es un poco nervioso porque le falta relacionarse con humanos.
Rita tiene cuatro años.Fue rescatada en el aeropuerto de Bogotá. Aunque le lleva tiempo tomar confianza, le gusta jugar con humanos y caninos.
Gora tiene dos años. Llegó por urgencias veterinarias porque lo atropellaron. En la Unidad se le practicó una cirugía. Está en fisioterapia.
Su nombre es Bella. Tiene cinco años. Está esperando por una familia responsable.
Sofía tiene tres años. Fue rescatada de un criadero ilegal junto a 16 rottweilers que se encontraban allí. Lleva siete meses en recuperación.
Mateo es un mestizo de tres años. Hace unos días encontró a la familia ideal.
Su nombre es Miel por ser la más dulce de la Unidad. Tiene cinco años. Lleva más de un año en la UCA.
Camarón tiene dos años. Llegó por urgencias veterinarias. Actualmente se encuentra en recuperación.
Todos los días son una oportunidad de ayudar. Hay varias formas de contribuir para cambiarle la vida a un animalito. ¡Pasa la voz!
Se ven como si no tuvieran un pasado difícil. Pareciera que juntas pueden contra todo en el mundo. Se ven inseparables y lo son. Ansiedad, depresión y cáncer no han logrado derribar a Dol Momphotezk, una mexicana que encontró la medicina que necesitaba al alcance de unas lamidas de su mejor amiga, Pepa.
Se ven como si no tuvieran un pasado difícil. Pareciera que juntas pueden contra todo en el mundo. Se ven inseparables y lo son. Ansiedad, depresión y cáncer no han logrado derribar a Dol Momphotezk, una mexicana que encontró la medicina que necesitaba al alcance de unas lamidas de su mejor amiga, Pepa.
Al ver las fotos de hace unos años y las de ahora se nota en la mirada de Pepa, una canina de raza maltés, que algo ha cambiado. Pero lo que permanece constante es el amor por su mamá, que en realidad parece más una súper mamá. Siempre está rodeada de bastantes juguetes para sus mascotas y de figuras de colección. El animal pasó directamente del vientre de su progenitora a los brazos de su madre humana sin saber que mutuamente se salvarían la vida.
Cuatro años atrás, Dol se dio cuenta que necesitaba ayuda. A pesar de que le costó aceptarlo, fue inevitable. Sabía que estaba cargada de emociones y que no podía seguir procesándolas sola. Pero no optó por la primera opción que cualquier persona pensaría a la hora de buscar ayuda: un psicólogo. “Pienso que siempre fui consciente de que necesitaba ayuda. Por mi personalidad y por querer siempre ser fuerte. Era difícil admitir que tenía un defecto”, dijo con un marcado acento 'manizalita' a Kienyke.com.
Durante el camino que recorrió de la mano de su psiquiatra y con todos los ejercicios que hicieron para determinar su problema, se dieron cuenta que tenía episodios de depresión y padecía trastorno de ansiedad. “Me daba risa. Decía que estaba loca porque el psiquiatra trata a los locos, ¿cierto?”, comentó divertida. “Pero cuando uno se da cuenta que necesita ese tipo de ayuda, ya no da miedo admitirlo”, explicó. Todo este proceso le ayudó a entender que su mascota hacía parte de este nuevo camino para cambiarlo todo.
Aproximadamente 12 años atrás decidió darle una oportunidad a 'Chachis', una tierna shih tzu, . Pero cuando llegó a su hogar se dio cuenta que en realidad le había dado una oportunidad a dos vidas. Chachis estaba esperando un cachorro: Pepa.
Desde que nació fueron construyendo un vínculo afectivo cada vez más estrecho. Dol recuerda que “cuando estaba trabajando, Chachis se hacía cargo de Pepa, pero cuando volvía, me la entregaba como diciendo: tómela, es su turno, ahora yo descanso”. Cosas desafortunadas ocurren todo el tiempo, hace tres años una enfermedad sin cura provocó que la progenitora de Pepa tuviera que ser dormida. Una decisión que salió de las entrañas de la familia.
A pesar de ser muy rígida y seria, Dol se volvió más sensible en ciertos aspectos, cuando descubrieron que Pepa era su apoyo constante. Hasta llegó a tomar actitudes que nunca pensó que fueran posibles, como ser tierna y ser capaz de dejarlo todo tirado por ella.
“Cuando tengo episodios de depresión ella lo sabe. No sé cómo, pero tiene un detector. En esos momentos me busca y me da amor. Además pienso que ella es una esponja que absorbe todo lo que yo siento", contó sobre la relación visceral que sostienen.
Hace dos años Dol tuvo que mudarse a Estados Unidos por asuntos laborales. Su psiquiatra le prescribió a su hija, como ella misma cuenta en esta entrevista, para ser un animal de soporte emocional y así poder viajar y vivir con ella.
El doctor Milton Murrillo, psiquiatra de la Universidad del Rosario, aseguró que “en casos de ansiedad los animales de apoyo emocional significan una mejora en la calidad de vida de estas personas”. Los animales necesitan un certificado emitido por el Instituto Colombiano Agropecuario para poder ingresar en la cabina del avión con el pasajero, además del certificado del médico que lo receta como ayuda.
Durante los vuelos, los episodios de ansiedad eran peores. En momentos de crisis, Pepa se recostaba sobre el pecho de Dol y respiraba a un ritmo lento y constante para que ella la siguiera. Se podría decir que la conexión entre ellas rompió las barreras de lo inesperado.
“No me gustó para nada ese cambio... Estaba tan sola. Sin ella no hubiera podido”, comentó con tranquilidad, como si estuviera aliviada de estar en casa. Sin embargo, ese periodo lejos del hogar dejó secuelas en Pepa. “Creo que se cargó de mi estrés y angustia. Contaba los días para volver a Colombia y se enfermó”.
En casa la estaba esperando una familia poco convencional. Alex y Gomita. Alex es el esposo de Dol quién se encarga de poner las reglas en la casa, bañar a las bebés, darles la medicina, la comida y sobre todo, educarlas. “Él es muy objetivo, siempre está pendiente de lo que necesitan. Debate con el doctor, le hace preguntas, buscan soluciones”.
Gomita es la hermana adoptiva de Pepa, es una shih tzu de cinco años. Además de ser la menor de la casa, es la consentida. Tanto que hasta su compañera maltés la protege ante cualquier situación de posible peligro. Incluso cuando el papá sin querer le hala los pelitos cuando la está peinando.
La felicidad de volver se opacó con una visita al veterinario. A sus once años descubrieron que tenía cáncer. Debía realizarse una intervención quirúrgica y hacerle quimioterapia para controlarlo. No estaban solas, son una familia muy unida.
Fue necesaria una mastectomía, una operación para extraer la glándula mamaría y una histerectomía para extraer el útero y los ovarios. Para continuar con el proceso de recuperación se realizaron quimioterapias. Aunque es un procedimiento invasivo, la recuperación resultó increíble. “Es muy valiente, nosotros decíamos que tomaba suero de Wakanda porque nunca se quejó, nunca lloró y salía muy activa de las quimioterapias”, confesó aliviada después de pasar 'las duras y las maduras'.
Sin embargo, las malas noticias no se detuvieron. Tiempo después empezaron a sentir que Pepa se comportaba diferente. Algo había cambiado. “Deambulaba toda la noche, no dormía y estaba más sensible. Eso me dijo que algo le estaba pasando”, comentó Alex.
El veterinario le diagnosticó demencia senil. Esta enfermedad se debe a un desgaste del sistema nervioso central y aunque no tiene cura, sí hay tratamientos que ayudan a retrasarla. La mayor preocupación de la familia es la pérdida de memoria.
Para Dol son tiempos difíciles. Aunque gracias a su esposo y al 'Doctor House' de perritos, como lo llaman los papás, han podido evolucionar en el tratamiento a través de juegos y ejercicios que le hace su familia.
Pepa es consciente de todo lo que sucede, no es como Gomita. “Una vez el papá le dijo que extrañábamos que nos diera amor porque estaba muy distanciada. No se imaginan el cambio que tuvo. Su actitud se modificó completamente”, agregó sorprendida.
Por esa misma razón los 'súper papás' organizan todo su tiempo libre para compartir con sus dos hijas. Al verlos juntos se nota en sus miradas que tienen lo necesario para vivir felices. Se tienen entre ellos mismos.
Al preguntarle a Dol qué quisiera decirle a su fiel compañera de 11 años antes de partir, respondió con los ojos llorosos: “le pediría que no me olvide, porque sin ella…”, un nudo en la garganta la detuvo. Solo espera disfrutar el tiempo que les queda juntas.
“Ahora estoy posponiendo mis cosas, toda mi atención es para ella. Ya tuve mi momento, ahora es el suyo”, concluyó Dol con su maltés, su hija, la niña de sus ojos entre sus brazos.